lunes, 31 de marzo de 2014

La distancia adecuada

Siempre me ha ayudado mucho poner tiempo y espacio entre el periodismo y yo. Me ayuda a tener perspectiva, a revisar lo que he hecho y por supuesto a maquinar lo que haré. Me parece saludable que nos demos un respiro, el break en aras de un reencuentro beneficioso para los dos.
Claro que nuestra relación es tan intensa que el síndrome de abstinencia se presenta cada vez que veo algo que estaría perfecto para para ponerlo en el programa de TV pero ¡ay!, estoy en la playa, descansando de la chamba y la chamba de mí. Entonces toca cumplir con lo pactado, tranquilizarme y respetar el tiempo que acordamos darnos.
Pero ocurre que empiezo a extrañar demasiado todo el trajín: la lectura frenética de los diarios antes del desayuno, escuchar un par de radios de noticias, ver los noticieros de la TV, conversar con los colegas, llamar a la fuentes, preparar el programa, coordinar las entrevistas, revisar las biografías de los entrevistados, y el infinito etcétera que implica salir al aire de lunes a viernes a las 9 de la noche, en vivo.
Y claro, también suma la pregunta cotidiana de conocidos y extraños que va aumentando la presión: ¿cuándo vuelves? Y llega un momento en que fastidia no tener una respuesta a eso. Y empieza entonces a surgir la idea de volver. Y dejar que el frenesí ocupe gran parte de mi día a día, con las consecuencias evidentes en la aguja de la balanza y el volumen capilar.
A estas alturas ya se habrán dado cuenta que esta es mi forma de decirles que vuelvo. Pero antes que un anuncio es un agradecimiento. Primero al Dios en el que creo. Y luego, sin orden en particular a toda la gente que sigue apostando por el amor que le tengo a este oficio. Al canal y todo su equipo, quienes se han puesto a chambear más para que todo salga ok, en especial a Fernando Zeballos, cuya confianza me motiva a hacerlo mejor. Y gracias por a veces dejarme poner en horario estelar a los escritores, músicos y artistas de este país. Sí, yo sé que prefieren ver más entrevistas como la de Felipe Domínguez confesando que arma protestas a futuro sin tener claro el reclamo, o poniendo en evidencia a quien miente casi compulsivamente, o esperan el desenlace de la apuesta entre el abundante bigote y mi escaso pelaje. Sí, a mí también me encantan, pero se siente hermoso cuando pasan cosas como Marco Martos haciendo un poema en vivo.
También gracias a todos los colegas (en particular a los de las pichangas de los viernes) que preguntaron en algún momento por el retorno, ya sea para apoyar o para joder, porque me van mostrando que no todo es cevicheros y rabiosos, sino que hay una generación que se está fajando por mejorar la chamba en la ciudad. Estoy con ustedes.
A todas las personas que en algún momento fueron parte del proyecto (sí, tú Mili) y que ahora ya no están, pero que siguen pendientes de todo y me ayudan en cada necesidad. A mis amigos y parientes que ponen el canal religiosamente cada vez que empieza nuestra música de introducción (Sad but true). A todos los entrevistados que vinieron y a los que vendrán. Ustedes y lo que dicen son el encanto de esto. Al público que ha crecido y me sigue parando en la calle para decirme “se te ve diferente en la tele”.
A Mimi por ser la crítica más feroz de todo lo que hago.
Así que nos vemos otra vez. Disculparán los nervios pero para mí es como empezar de nuevo, desde el principio, luego de la distancia adecuada que puse para poder regresar.  Gracias.
J.

1 comentario:

Jorge Bedregal La Vera dijo...

Y al final no nos dices ¿cuándo vuelves? Te extrañamos en la tele, te queremos.