
El tremendo caricaturista Omar Zevallos me ha hecho el honor de hacerme un dibujo. Faltarán pisco sours para agradecérselo.


Siempre es conmovedor un debut. Las críticas más encarnizadas o los reconocimientos más sinceros aparecerán de inmediato y podrían marcar para siempre la carrera de un novel artista. Quizás por eso el irlandés Ciaran Gribbin se ríe nervioso. Ha entrado al bar del Hotel Libertador tratando de ser canchero a sus 32 años. Se ha abierto una cuenta en Twitter para ir sumando fans y contarles que ha llegado por primera vez a Arequipa. También ha aprendido a decir “Muchas gracias” en un español algo espantoso. Es el nuevo vocalista de INXS.
Ha llegado a la banda luego de algunas peripecias. El antiguo vocalista estable, JD Fortune, dejó de ser el frontman de los australianos cuando estos lanzaron un nuevo disco a principios de este año. No le iba mal como reemplazo de Michael Hutchence, la eterna sombra que se encarama sobre la banda, pero hay cosas que, se sabe, no van a durar. Su permanencia en INXS era una de ellas.
Hace dos meses solo conocíamos su voz. La banda había puesto online un nuevo tema (Tiny Summer) con Ciaran en el micrófono, pero dejando su nombre en el misterio. Cuando faltaban semanas para su llegada a Arequipa recién se conoció su identidad. Era amigo de Andrew Farris, ese genio silencioso que es el compositor de los grandes temas de INXS. Lo llamaron a las 4 de la mañana, hace 6 meses, para confirmarle que su vida había cambiado para siempre. Desde entonces duerme poco.
En el bar del Hotel Libertador,Ciaran está acompañado de John Farris, baterista y miembro original del grupo. Es hermano de Andrew y Tim, con quienes formó en 1977 la banda que entonces se llamaba “The Farris Brothers”. Se les unieron Kirk Pengilly, Garry Gary Beers y claro, Hutchence. El resto es historia. En Arequipa John luce canas, arrugas y la calma de quien lleva en esto más de 30 años. Han aceptado dar una única entrevista durante su estadía en la ciudad. “Es más, El Espantacuervos es el único programa de TV que tendrá una entrevista durante toda su gira”, dice su producción. Ciaran y el entrevistador son los más nerviosos en todo el hotel.
Todo sale bien y la conversación termina entre carcajadas bilingües.
Noche de jueves
El escenario del Jardín de la Cerveza se luce con la batería blanca de INXS. La noche del concierto va recibiendo a los fans que han llegado hasta Cerro Juli para verlos. No llenan el lugar pero hacen lo justo para hacerse sentir. La banda respeta al público y sale a las 9:30 pm como habían anunciado. Ciaran se presenta con lo mejor que tiene: su voz. Le bastaron 3 canciones para ganarse a la hinchada. “Los amo”, decía, ensayando su español. Entre los fanáticos había gentes venidas de otros países que celebraban con cerveza este inicio de gira. Ciaran brindaba con ellos y trataba de seguir embalado en su performance. Lo logró.
Impecable en lo técnico, el sonido de inmediato fue protagonista. Nada de saturaciones ni rebotes mal hechos. Con esa calidad, sólo quedaba que Ciaran se luciera en la interpretación de clásicos como “Suicide Blonde”, “DevilInside”, “New Sensation” o “Don´t change”. Punto aparte fue “Beautiful Girl”, cantada en una nueva versión, la misma que hacen en el álbum “Original Sin” lanzado este año. Beatiful girl, stay with me, gritaron todos.
El mejor homenaje a Hutchence fue el silencio. Ocurrió durante ese himno ochentero que es “Never tear us apart” donde la banda se quedó callada a media canción. Un gestazo que provocó los gritos del público. Se había cumplido con la historia.
Ya para el final, Ciarán salió con la blanquirroja de Guerrero y regaló unas pelotas autografiadas. Empezaron los abrazos, las felicitaciones, los adioses. La Ciudad Blanca tuvo el privilegio de verlo debutar con una banda como INXS y entregarse a una audiencia que no por pequeña fue poca. Cada aplauso tenía reverberancias de estadio. Quienes fueron a verlos les hicieron sentir a los australianos (y al irlandés) que todavía quedan rockeros dispuestos a llegar ojerosos un viernes al trabajo, después del mejor concierto que ha tenido Arequipa este año.
El Joven Nostálgico es casi el libro más triste que he leído. Llega a mis manos en un momento terrible, donde la calvicie asoma peligrosamente y las historias entre amigos empiezan a ser sospechosamente repetitivas. Nos estamos haciendo viejos
Pedro Canelo es un viajero en el tiempo. Es un Marty Mc Fly que ha decidido abordar el Delorean rumbo a épocas a las que estamos tan conectados que nos es imposible dejar de citarlas hasta en las charlas más elementales. No conozco a nadie que no utilice imágenes del pasado para hacer analogías que son entendidas por los compadres de su generación. “Sangras como May Lin” para recordar al maloso Tong Po de Kickboxer o “Pártele la pierna” evocando a ese sensei malo del Dojo Cobra Kai.
Y decía que era triste por el hecho de ser un libro cargado de ayer. Un pasado tan próximo que quizás no llega a ser historia pero es indefectiblemente tradición moderna. Canelo ha preferido rebuscar en nuestros recuerdos, que son los de un país entero, para recordarnos que hay un lenguaje común que manejamos entre peruanos, códigos que llevamos al salón de clase, a la pichanga del barrio, al bar de la esquina. Es el lenguaje de la nostalgia.
Y se nota claramente que la televisión ha sido fundamental en la formación de estas evocaciones. Desde el cibernético Festival de Robots, con el capitán Memo creando esos soundtracks de leyenda, hasta los encontronazos de Kevin Arnold siempre templado de la mongaza de Winnie Cooper. Es innegable entonces la importancia de la tele en nuestra formación como personas del siglo XXI, siendo sus historias de mentira pilares de nuestras vidas de verdad.
Y en la distancia que le dan los años vividos, Canelo vuelve a revisar esos pasajes, con las licencias que le da tener un trabajo para vivir y saber que en el mundo no hay héroes que cuando encuentran el mal siempre cambian su cuerpo a metal. Entonces, uno ya crecidito y contaminado, puede ver con cinismo a la dulce Candy, y revisar con maldad sus coqueteos con todo ese elenco improbable. Solo chapó con Terry pero se templaron de ella Anthony, Stear, Archie y hasta Neil. Pedro, en lo que podría ser un exceso de adultez, propone crear un chonguito que lleve el conmemorativo nombre de “El hogar de Pony”. Lo que diría la hermana María.
Y si por un lado hay cinismo, otros textos reflejan una debilidad del autor por productos menos naif. Allí está su devoción por los Caballeros del Zodiaco, esos 5 muchachos masoquistas que ante cualquier cosa estaban dispuestos a abrirse las venas y hasta arrancarse los ojos en favor de la vida del otro, siempre en defensa de una Saori que, al final, demostraba que no necesitaba de estos 5 gaznápiros para salir de sus predicamentos de diosa Athena.
Mientras espero que canciones de mi adolescencia como “Smell like teen spirit” o “November Rain” empiecen a sonar en “la hora del lonchecito”, me conmuevo con cada cita de Canelo a estos personajes y situaciones que, descubro, han sido comunes a todos nosotros. No importa si viviste en Lima, Caylloma, Tarapoto o Jaén. Las historias de desfiles y útiles escolares nos son tan comunes que no creo que haya nadie en esta sala que no sepa lo que es una goma David, una regla Artesco o un liquid paper.
Entonces, El joven Nostalgico se convierte también en un homenaje a todos los que nos sabemos de memoria los chistes del Chavo del Ocho y tenemos en nuestro celular la canción de He-man. A los que vimos Nubeluz y sentíamos que esas minifaldas de las dalinas tenían algo más que el mundo glúfico. Canelo nos invita a revisar nuestras propias biografías pero en otra dimensión, aquella en la que no éramos tan sarcásticos y nos dejábamos guiar por la señal de los Thundercats.
Es un tributo a los que jugaron Pacman en Pinball y Space Invaders en Atari. A los que hoy ven la película “Punto de Quiebra” en TCM, classic Hollywood y dicen “pero si yo la vi en el cine recién hace poco”. Esos hombres y mujeres con los que, sin saberlo, tenemos un pasado común, una historia general marcada por un anecdotario universal.
Y es también la demostración del salto posible del blog multicolor al blanco y negro editorial. A los que somos un poco frikis y geeks, maniáticos de recordar cada conversación entre Rick Hunter y Lisa Hayes, nos es imposible dejar de aportar más información a lo vertido por Canelo. Inevitable enumerar los juguetes mencionados en el libro, muchos de los cuales todavía conservo y quiero poner como adornos en la sala de mi casa, pese a los reparos de mi novia que no entiende cómo al costado del florero puede estar estacionado El auto fantástico o un Varitech en posición guardián. Espero que lo entienda antes que nos invadan los zentraedi.